COLUMNISTA
DIEGO MORA ARIZA
PUBLICADO EL 03 D
E JUNIO DE 2015
http://www.elcolombiano.com/
¿Qué tienen en común Ronald Reagan, Charles de Gaulle y Winston Churchill? Fácilmente podríamos responder que los tres gobernaron con éxito a sus respectivos países (Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña), no obstante hay algo más que los une, aparte de la grandeza que representan para la historia política mundial, y es que cada uno de ellos creía en algo, tenía firmes convicciones y durante toda la vida se mantuvieron fieles a ellas, es decir, tenían claro que los principios no son negociables.
Reagan jamás cambió, su filosofía política se sustentaba en dos principios: el rechazo del comunismo y un alejamiento del exceso de gravámenes y regulaciones por parte del gobierno. Además tenía claro que los partidos políticos no podían ser todo para todos, era necesario saber diferenciar las posturas y que la gente identificara la ideología fácilmente.
Churchill por su parte jamás abandonó sus convicciones personales para subirse al bus de la victoria cuando todos en aquella época creían respirar aires de paz. Él mantuvo intacta su posición frente al peligro que representaba la expansión del nazismo en Alemania, el fascismo en Italia y el militarismo en Japón. Firme en sus convicciones, el tiempo le dio la razón y encontró en la verdad a su mejor aliada.
De Gaulle prefirió renunciar antes que ceder un milímetro en sus principios. Al no poder, inicialmente, acabar con los partidos que tanto daño le causaron a Francia se retiró a esperar su turno. Luego de 12 años regresó y cumplió con su misión, triunfo que logró al poder establecer un vínculo entre su visión y el sentimiento patriótico de su gente.
Ejemplos como estos son difíciles de encontrar hoy en día. Los políticos de la actualidad son solo eso, políticos y no líderes con la capacidad de apelar al corazón de sus naciones. La mayoría busca su satisfacción personal, inflar su ego y satisfacer su orgullo sin importar el número de personas a quienes deban dañar para conseguirlo. Son muchos los políticos que hoy ganan elecciones asumiendo posiciones que jamás tuvieron, simplemente acomodándose al momento y por eso llegan al poder a hacer lo contrario, lo cual redunda en decepción de quienes los eligieron y en su posterior alejamiento de la política.
Particularmente en Colombia se necesita urgente el fomento una nueva generación de políticos con capacidad de liderazgo. El país no podrá en los años venideros seguir siendo manejado por los mismos, y los hijos de los mismos, pues seguiremos en las mismas. Se requieren jóvenes con principios claros, con capacidad para pensar por sí solos y de dar las batallas que la política les pondrá. Sin embargo, el panorama es desalentador. Muchos de los que hoy dicen encarnar esta necesidad latente, y se muestran en diferentes escenarios, ya evidencian los vicios propios de aquellos a quienes dicen querer reemplazar. Anhelan el poder no para servir sino para servirse y así, seguiremos siendo un país cuya clase política deja mucho, mucho que desear.
Por último: llegar a gobernar o legislar no puede ser un escape, una vía para enriquecerse sino una elección basada en profundas convicciones, quienes lleguen allí deberían mantener sus principios claros e inamovibles aunque esto les represente perder, de esta manera, quizás, el mundo puede aspirar algún día a ver de nuevo a verdaderos líderes en el poder, tal y como lo hizo cuando Reagan, de Gaulle y Churchill habitaron este planeta. ¿Llegará el día?
PS: algunas referencias fueron tomadas del libro Juegos de Poder de Dick Morris.
@DiegoMorita
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